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jueves, 30 de marzo de 2023

EN LA RUMBA BAJAN LOS DIOSES AFRICANOS

Entrevista con Adelaida Fernández Ochoa
El baile y el mundo de la música popular afrocaribeña son algunas de las pasiones de los caleños. Esa corriente de músicas mulatas, con el impulso de las comunidades latinas en Nueva York, se va a constituir en una poderosa mezcla de ritmos que se van a rotular como Salsa. Ese universo, sus meandros y sentires, lo retrata muy bien la escritora caleña Adelaida Fernández Ochoa en su más reciente novela Toques de son colorá, recién publicada por la editorial Seix Barral.


Adelaida Fernández Ochoa, escritora caleña. Ganadora del Premio Casa de las Américas 2015 con la novela La hoguera lame mi piel con cariño de perro.

 
 
Entrevista.
  
Darío Henao (D.H): En esta tu tercera novela, como en Que los busquen en el río y Afuera crece un mundo, sigues en la misma línea de adentrarte en la vida y el mundo de personajes de los sectores populares. En Toques de son colorá, de la mano de Rosa María Carabalí Mendoza, su personaje principal, nos adentramos en la vida del baile y la cultura popular alrededor de la salsa. ¿Cómo creaste y cómo fue el proceso de escritura alrededor de este personaje tan bello y entrañable?
 
Adelaida Fernández (A.F): Primero que todo, la identidad y el sentir caleño juegan un papel importante; el pensar que hacía falta una mención y desarrollar estos personajes tan interesantes que son los bailarines de salsa, que han contribuido a consolidar desde la vieja guardia, desde los años 70, este espíritu caleño que, más que rumbero, es optimista y resiliente. Así es el espíritu del caleño. Un espíritu resiliente, por encima de todos los dramas, y esa fortaleza espiritual la encuentra en el ritmo, ese ritmo que nos viene de África, y que describe y exalta de una manera tan bella el escritor cubano Alejo Carpentier en su libro La música en Cuba/ Temas de la lira y el bongó.
 
D.H: Todo escritor consigue un dispositivo, un mecanismo de representación que sustenta su obra narrativa. En el caso tuyo, consigues algo novedoso en la literatura colombiana sobre estos temas: darle una dimensión mítica de matriz africana al baile, al tambor, a lo que significa antropológicamente esa herencia para los caleños. Narra el propio Changó. Además utiliza poéticamente las ritualidades de las religiones de matriz africana. Rosa María cuando baila está poseída por Changó, el dios que la protege. Cuando ella baila, esta deidad yoruba le baja, y de ahí el poderío hipnótico de su cuerpo. ¿En qué momento elabora esa perspectiva?
 
A.F: Ese elemento mítico, base religiosa de la santería, de la regla de Ocha, de la regla Conga o santería Palo monte, está contenido en muchas canciones de salsa. Richie Ray y los pontífices de la salsa le cantaron a Changó. De hecho, uno de los paratextos de la novela es sobre el tema ”Lo atara la arache” (Richie Ray, Bobby Cruz, 1967). Dice:
 
A la, la le, le lo le lo la
Oiga mi socio, oiga mi cumbila le voy a encama calo
le lo la o lo, lo, lo, lo
en filame pa’los Anforo, como le gilo Este butin
¡Guaguancó!
 
 
 
De hecho los salseros siempre hicieron mención de asuntos relacionados con la liturgia, con la liturgia conga, con la liturgia de Ocha. Siempre hicieron referencia a elementos litúrgicos, a las deidades yorubas. Le cantaron a Changó, a Babalú Ayé, a los distintos Orishas. Muchas veces era solo una mención. Fíjate que hay una canción, ”La culebra” (Banda Machos, 1992), que dice:
 
Ven pa’ca
Cuidado con la culebra que muerde los pies
 
  
Uno la canta, pero eso tiene un trasfondo, y se relaciona con asuntos totémicos, simbólicos, que salían en estos desfiles de reyes que hacían a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX. Estas comparsas en Cuba se les permitían hacer a los negros, quienes organizaban unas coreografías absolutamente primorosas, llenas de ritmo, de música, y entonces un muy buen bailarín portaba una culebra que seguramente hacían de tela, o qué sé yo. Ellos llevaban esa culebra, y al final de la representación, mataban a la culebra. Otros llevaban un alacrán. Muchas de las cosas que se dicen de la lírica de la salsa, de Richie Ray y de todas estas estrellas de la Fania, hacen referencia a muchos asuntos de esa estirpe que tienen ese origen. Siempre se han cantado y se cantan así de manera desprevenida. Por ejemplo, Héctor Lavoe, quien tiene pregones de santería; Ismael Rivera y sus soneos que hacen referencia a todo este universo filosófico-religioso. Entonces me pareció muy válido reelaborarlo como cosmovisión en mi novela.
 
En Cali tenemos un bailadero que se llama Changó. ¿Por qué se llama así? Incluso tenemos leyendas urbanas en relación con eso. Entonces encontré que era válido destacar ese aspecto en la novela.
 
D.H: Hiciste una investigación muy juiciosa sobre lo que está detrás de ese universo. Recordando mis estudios de hace algunos años sobre la religiosidad de matriz africana, empecé a tomar conciencia que bailaba ”Que viva Changó” (Celina y Reutilio, 1956), pero nunca me preguntaba quién era Changó. Eso es lo que le pasa a todos los bailadores nuestros. De todas estas músicas que nos han llegado, no tenemos conocimiento de esa ritualidad, de esa religiosidad, de todo lo que hay detrás. Creo que lo que has hecho en esta novela es rescatar ese universo mítico, mágico, religioso y ritual que hay detrás, y que por supuesto, muchos de los compositores de la salsa y de la música anterior a la salsa, afrocaribeña, por ejemplo, de Celina y Reutilio o de Celia Cruz, que era devota de la santería. Es un mundo que está muy atravesado por eso. Aparece en la música de muchos de ellos. Pero claro, se paganiza y entonces el bailarín actual no sabe. Cuéntanos un poco sobre tus investigaciones alrededor de esto. Ya mencionaste a Alejo Carpentier, pero hay muchos otros. A través de tus lecturas uno se da cuenta que hubo un trabajo muy juicioso alrededor de este universo que hay detrás del baile y de la danza.
 
A.F: Además del libro de Carpentier que ya mencioné, fueron fuentes muy importantes: Lydia Cabrera (importante antropóloga cubana del siglo XX) con El Monte, y Joel James Figarola (importante intelectual cubano del sigo XX) con La brujera cubana y el Palo monte. Tiene un texto que se llama El Palomonte, que es una aproximación al pensamiento abstracto de la cubanía. Este fue un texto muy importante para esta parte. También fue importante la lectura de Changó, el gran putas (Manuel Zapata Olivella, 1980). Un texto inspirador. También leí a los cronistas de la salsa: Alejandro Ulloa (investigador de la Escuela de Comunicación Social de Univalle), Medardo Arias (escritor y periodista), Jorge Pelaez, Sergio Santana Archbold (ingeniero civil e investigador de la salsa) y los libros de Umberto Valverde. He leído a todos estos cronistas de la salsa. A algunos los releí. Fueron fuentes que me ayudaron a configurar la novela. A parte de eso, pues mi experiencia de vida como caleña. No pertenezco a esa vieja guardia, pero estuve ahí. Los de la vieja guardia son personas devotas y todavía tienen su gallada. Eso también nos arropó, influyó e informó.
 
D.H: Has hecho una mención que considero fundamental además de todos esos autores que has estudiado, que se siente esto tan rico, tan denso, poético, y son los metafísicos. Creo que has logrado restituirle a este universo su metafísica, que fue lo que hizo Manuel Zapata en Changó, el gran putas. Creo que la primera parte de que tú novela, titulada Pieza de rumba, se corresponde a lo que hace el poema inicial de Changó, el gran putas: Los orígenes. Si uno quiere entender de ahí en adelante toda la historia de tu novela, uno tiene que desbaratar el comienzo. Todo está ahí porque es el universo mítico-simbólico que explica, alimenta e ilumina toda la historia de esta mujer, de sus amigos, del tema de los bailadores, del barrio. Todas estas historias tan hermosas que cuentas. Y ese homenaje que le haces a los barrios populares. ¿Cuál fue tu barrio popular y cuáles frecuentaste y naciste para este universo?
 
A.F: Fueron dos barrios: La Floresta y el Manuel María Buenaventura. Esos dos barrios me marcaron muchísimo. Sus alrededores, el barrio Obrero, Junín, El Jardín, Las Acacias, El Municipal. Fueron barrios que me fueron configurando y determinando a esto que definí después que fue la escritura de la novela.
 
D.H: Le haces un homenaje a los grandes bailaderos de la época. Por ejemplo, el Séptimo Cielo, un lugar emblemático. Está Agapito, Los Compadres, hasta que terminan en esa bella historia de la discoteca Changó, que no es una historia cualquiera, sino de la crónica mítica ambientada por unos rayos de Changó. Hay una conjunción de lo real-empírico y lo mítico en el surgimiento de esa discoteca. Esa es una solución poética extraordinaria que tiene tu novela. Cuéntanos sobre ese tipo de hallazgos que fueron empujando toda la narrativa posterior a este primer gran capítulo que da inicio a la dimensión mítico-simbólica de la novela.
 
A.F: Ahí hay un capítulo puente, como te digo. Tengo presente esta ritualidad, esta liturgia que consiste en que el espíritu de Changó desciende sobre el bailador, y esa se llama el bembé, un baile ritual. En el bembé esta deidad toma posesión del bailador y eso sucede en una situación de baile, de goce, de identidad con el ritmo, que es lo que le sucede a estos bailadores. Ese mismo baile, esa rumba, esos soneos, esos temas, esos ritmos, todo eso contribuye a cohesionar a un grupo humano, a un grupo de amigos, y a conducirlos a lo largo de generaciones y a constituirse en lo que ahora se llama ”La vieja guardia”, que sostiene esa tradición. La salsa, la pachanga, el son, el bolero antillano, son ritmos que se mantienen vigentes gracias al bailador caleño. El bailador caleño tiene en la vieja guardia un respaldo grande y una motivación, y ahora, con las escuelas de salsa, se configura de manera completa esa condición del espíritu caleño y de lo que ha aportado la vieja guardia a la cultura. Entonces pensé que, en efecto, hacía falta ese reconocimiento, ese homenaje al bailador caleño. En cuanto a la selección de los personajes, toda vida siempre tiene como motor un drama. Uno no quisiera que fuera así, pero resulta que el motor fundamental de muchos movimientos es el drama ¿Qué sería de una novela sin el drama? Aquí arrancan unas situaciones muy puntuales, dramáticas en la vida de un ser humano, como la muerte, la violencia, pero por otro lado, también están los nacimientos. Es eso.
 
D.H: Llama mucho la atención la estructura de la novela. Desde un comienzo el lector sabe que la protagonista está enferma y se va a morir. La despedida es maravillosa: una cena comunal, la despiden como se merece una protegida de Changó que tiene que irse de este mundo porque tiene cirrosis. Era una modista, estuvo vinculada a las escuelas de salsa y cosía para ellas. Alrededor de la historia de esta mujer se va tejiendo un mundo. El lector ya sabe que ella está desahuciada. Sin embargo, lo que sigue es ver todo lo que significó ella en la historia, en cuanto a sus amigos y toda la manera como tú lo haces, siguiéndole la pista a la vida de esta mujer que está muy vinculada al barrio y a sus amigos. Algo que me parece muy hermoso es que construyes el personaje como una mujer autónoma que hace lo que quiere. Háblanos sobre este tema.
 
A.F: Pensé mucho en esa mujer nueva, pero esa mujer nueva empieza a forjarse en esa década de los años 70. Empieza a forjarse, entre muchas otras cosas, con muchos movimientos. Pienso en el movimiento hippie ”Haga el amor y no la guerra”, en los pronunciamientos contra la guerra de Vietnam. Hay un tema bien lindo de la Fania, Larry Harlow (artista cubano nacido en 1939), el de la Ópera Hommy, donde lo menciona. Por allá hay otro tema de Colón donde también se habla de no a la guerra. En esa época hubo unos movimientos muy importantes que constituyeron una ruptura con una tradición que ya estaba haciendo daño. Pienso que todos esos movimientos libertarios, y el movimiento hippie, fueron fundamentales para ayudar a forjar a esta nueva mujer que asumió una autonomía y que resolvió ella sola sus dramas. También lo que se encuentra en nuestro panorama nacional, de cómo hay un porcentaje muy alto de mujeres que son cabeza de familia. Esto también un poco inspirado en esa gran cantidad de mujeres que son cabeza de familia y que lo han hecho muy bien, y que se liberan de mucho atavismo. Se liberan de mucho lastre. Eso también me ayudó para configurar el personaje.
 
D.H: Es muy bello el círculo de amigos del personaje, cómo los vas construyendo y generándole a cada uno sus dramas. Por ejemplo uno que quiso ser compositor y no pudo; el otro que tocaba; las dos amigas; María Belén, que es la dueña de la escuela. ¿Esto de los bailaderos está inspirado en alguna caseta real?
 
A.F: Entiendo que en Cali hay como cuatrocientas escuelas de salsa. Cada bailador tiene su gallada. Los bailadores en Cali no son solitarios. Ellos tienen su gallada, sus amigos. Así se ha construido esa identidad, con esos grupos. Esos grupos tienen una característica: son solidarios. Me recuerda a Alejo Carpentier, que es otra de mis fuentes, muy importante. La música en Cuba cuenta cómo se constituyen grupos entre las distintas comunidades que se encuentran, que proceden de diferentes partes de África. Ellos llegan y forman grupos. De ahí salen los ñañigos (Sociedad secreta de Abakuá, en Cuba). Resulta que los ñañigos son muy celosos de su liturgia. Resulta que el bailador caleño es muy celoso de su música, es un melómano. El bailador parece un devoto porque de manera religiosa va al bailadero, se encuentra con los amigos. Entonces sí, el personaje tenía que tener su gallada, que empezó a armarse en esos años 70 con esa solidaridad, pero también está el elemento que desequilibra y rompe la armonía, que los desestabiliza, y sin embargo, lo sobrellevan. Es básicamente eso, el salsero y el bailador tienen su gallada.
 
D.H: Con unas fidelidades y unas ritualidades para todos. Es muy bello como vas construyendo esa cotidianidad y las costumbres de cada uno, que corresponde a eso que estás señalando. Por ahí hay una pregunta muy obvia, pero importante, y es el papel que le das en la historia a la orquesta Fania. Es central. Estás todo el tiempo mencionándola, e incluso hay muchas pequeñas letras y cosas para los que somos devotos de la Fania, que nos formamos con la Fania. Cuéntanos tu relación con la Fania y cómo elaboraste todo eso ya en términos novelísticos.
 
A.F: La Fania se constituyó con virtuosos de verdad, con músicos y cantantes extraordinarios. Me parece maravilloso encontrarme en un coro a Pete El Conde Rodriguez, acompañado de Héctor Lavoe, por ejemplo. O encontrarme con que en ese coro está Ismael Rivera. Es impresionante ver cómo esos cantantes tan grandes están en esos coros. De allí salen unas composiciones magníficas. Entonces es eso. Es haber encontrado esa riqueza musical en ellos. Esas composiciones. La Fania los abarcó a todos, hasta a los que no querían estar ahí. Ismael Rivera no quería estar ahí, y resulta que lo abarcó la Fania, porque la Fania fue como un pulpo. Terminó incorporado a la Fania. Muchos que no quisieron, como Ángel Canales, fue más bien independiente. Él era pulidor de diamantes. Le pagaban más a los músicos que Masuchi. Muy pocos no estuvieron en la Fania. Ángel Canales fue extraordinario.
 
D.H: Sí, Ángel Canales fue muy bueno. Ya para finalizar, después de esa inmersión tan hermosa que has hecho en el mundo popular caleño a partir de la música, que lo has puesto en esa dimensión mítica, creo que es el gran aporte que haces como escritora a la literatura actual colombiana. Creo que nadie lo ha hecho. Después de esta inmersión tan extraordinaria que has hecho en el mundo popular caleño, que es de nuestros orígenes, ¿qué sigue? Cuéntanos en qué andas. Siempre estás terminando una novela y estás trabajando en la que sigue, o la vienes trabajando paralelamente. No sé cómo es tu método, pero sé que tienes una cosa muy bonita ya avanzada, para que cerremos con esta primicia, que nos cuentes en que estás trabajando ahora.
 
A.F: Estoy puliendo una novela que se llama El amargo sabor de las lentejas. Es una novela en la que todo trata sobre el amor; el humor, el amor y la muerte, dijo aquel filósofo de los años 70 en Cali, que fue tan querido, que causó sensación. Esos tres elementos siempre están presentes en una novela bajo diferentes formas. Es sobre uno de estos dramas que vivimos los colombianos y algunas personas que las viven de una manera absolutamente dramática y trágica, y es el tema de la desaparición de un ser querido, la búsqueda de un desaparecido; la angustia de quien busca al desaparecido y de las infamias que sufre una persona en cautiverio. Ese es el asunto de El amargo sabor de las lentejas.

Por: Darío Henao Restrepo
Director de La Palabra
Transcripción: María Isabel Tamayo



domingo, 17 de abril de 2022

Santería en canciones de salsa

 

Richie Ray y Bobby Cruz, Héctor Lavoe y Willie Colón, Celina y Reutilio y Celia Cruz hacen parte de este listado.

La salsa es uno de los géneros que más guiños hace a la santería. ¿No nos crees? Te lo mostramos en una disección a cuatro grandes canciones, que sacaremos cada día, a propósito del especial de SALSA FE Y CREENCIA de este domingo a las 9:00 a.m. sobre esta práctica religiosa en el que veremos qué es y cuáles son sus relaciones con la naturaleza, el prójimo y el destino.

 

Antes que nada, ¿qué es la santería?

La santería es una práctica religiosa que se formó cuando esclavos provenientes de Nigeria, y otros países de África Occidental, se apropiaron de santos del catolicismo para conservar sus tradiciones culturales Yoruba desde tiempos de la Colonia.

La santería es una religión que adopta el culto a la naturaleza y a los espíritus y, a diferencia de los santos del catolicismo, los santos de la santería pueden ser invocados para hacer el bien o el mal por medio de un sacerdote conocido con el nombre de babalao.

 

Santería en cuatro canciones de salsa

La diáspora africana en América Latina no solo trajo consigo distintos cultos y ritos sino que también permeó para siempre las sonoridades de cada territorio. De hecho, aunque no se pueda hablar de un origen único de la salsa como género, sí se pueden encontrar patrones en ciertos ritmos que desembocaron en este fenómeno musical, comercial y popular que tienen que ver con los mestizajes desde los tiempos de la esclavitud y que aún hoy palpitan en otros sonidos en el continente.

Pero no se debe confundir la aparición de alabanzas a las orishas de la santería en estas canciones como meros guiños.

De acuerdo con el antropólogo cubano Fernando Ortiz, en la investigación ‘Sin negro no hay guaguancó: la expresión de la cultura Caribe en la novela ¡Qué viva la música!’ de Hernando Motato, la santería “no es música de diversión al margen de la vida cotidiana; es precisamente una estética versión de toda la vida en sus momentos trascendentales”. Es decir, las canciones inspiradas en el culto santero no son solo narraciones de esta religión, sino que también cobran la figura de rituales que alaban o invocan alguna deidad de la cultura negra.

 

Estas son cuatro canciones de salsa que hacen un homenaje a deidades de la santería:

 

¡Qué viva Changó! - Celina y Reutilio 1949

 

Changó es el rey guerrero de la religión Yoruba de la justicia, de los rayos, del trueno y del fuego. Este orisha es viril, atrevido, violento y justiciero y precisamente su justicia es impartida por el rayo, por ese motivo, se dice que si a una casa le cae un rayo, se debe a la cólera de Changó.

Este dúo cubano fue una de las primeras agrupaciones en sacar del clóset a la santería a  través de producciones como ‘¡Qué viva Changó!’, ‘San Lázaro’, ‘Una fiesta con Ochún’, ‘Babalú’ o ‘Viva Yemayá’ y quienes, además, hicieron un puente sonoro entre la música guajira y afro conservando la métrica y el estilo de la primera, pero contando la historia de sus raíces negras y el sincretismo de la religiosidad en Cuba.

De hecho, cuenta la leyenda, que cuando Celina era joven Santa Bárbara se le apareció y le dijo: “si no me cantas, no vas a triunfar”. Y es que la relación de ella con la santería no era una simple apropiación de la religión.

El compositor vallenato Jorge Oñate contó en una entrevista al diario El Pilón que “en un día de calor infernal en La Habana, Celina salió a la terraza de la casa, abrió los brazos y dijo algo en Yoruba y al terminar y enseguida un relámpago impresionante y se vino un aguacero. Yo no sé si ella le pidió al de arriba que lloviera, ese momento no se me olvida porque apenas terminó de hablar en yoruba se dio el relámpago. De pronto fue una casualidad”.

Como curiosidad, Celina González y Reutilio Domínguez hicieron una versión de ‘Qué viva Changó’ en homenaje a Fidel Castro y a la revolución cubana.

 

‘Yo soy Babalú’ - ‘Los durísimos’ de Ricardo Ray y Bobby Cruz - 1968.


Babalú Ayé es el orisha de la lepra, la viruela, las enfermedades venéreas y, en general, de las pestes y la miseria. Se dice que se esconde entre la hiedra, el coralillo y el cundeamor para protegerse del sol y solo sale de noche. Es asociado con San Lázaro.

Según la leyenda, cuando Babalú Ayé salió del territorio yoruba, contrajo viruela por irrespetar a los orishas más antiguos por lo que fue despreciado y solo Elegua (el abrecaminos) se le acercó y lo llevó a donde Orúnla quien le dijo que si quería ser venerado de nuevo, tendría que purificarse con diferentes maíz y fríjol y andar con un perro.

Como Celina y Reutilio, este dúo hizo muchas canciones con guiños a la santería como son ‘’Lo atará la araché’, ‘Yaré Changó’, ‘Cabo E’, ‘Guagancó raro’, ‘Baba coroco’ o ‘Aggallú solá’.

El álbum ‘Los durísimos (The Strong Ones)’ de Richie Ray y Bobby Cruz fue publicado en 1968 y, se cree, es la primera vez que aparece el término “salsa y control’ justo debajo de la foto de los dos cantantes lo que se podría considerar una de las primeras grabaciones que acuñó el término ‘salsa’ y que abriría el sendero a una ola de artistas bajo esta etiqueta.

 

“Que Babalú me dijo a mí:

yo soy quien te está cuidando;

que Babalú me dijo a mí:

yo sé quién te está velando

y sé quién te está tirando

pero a ti no te entra na’…

Yo soy quien te está cuidando

pa’ que no te pase na’”

 

‘Tengo el iddé’ - Celia Cruz y Johnny Pacheco (1974)

 

Con la composición de Catalino “Tite” Curet Alonso, aquí Celia habla de frente de la brujería y de la protección que le da el iddé, una manilla de cuentas verdes y amarillas, que protege a quien la porte ya que pertenece a los hijos de Orula, una deidad yoruba dueña de los oráculos y encargada de mirar el destino de los hombres y su futuro.

En su autobiografía ‘Celia mi vida’, Cruz cuenta que cuando era niña le tenía miedo al ritmo de los tambores y que no era una adepta de la santería, sin embargo, poco después, le atrajo el ritmo de los tambores batá. Interpretó temas como ‘Plegaria a Laroyé’, ‘yemayá’, ‘Shangó’, ‘Saludo a Elegua, ‘Tributo a los orishas’, ‘Elegua quiere tambo’, ‘Ocanosordi’, ‘Changó ta vení’, ‘Santa Bárbara’ u ‘Óyeme Agayú’

“Cuando oí esos cantos por primera vez de chiquita, salí corriendo a esconderme … Sin embargo para mí esa música pronto se volvió mucho más que una religión, era una forma preciosa de expresar mis raíces africanas. Me aprendí las letras lucumíes de las canciones”, escribió. Aunque nunca se declaró santera, en varios de sus espectáculos, sobre todo cuando se presentaba en El Tropicana, hizo performances en el que interpretaba ese papel. Para ella, cualquier cubano sabía de santería porque era folclor nacional.

Según una acusación de La Lupe, Pedro Knight, el marido de Celia, era palero, una persona relacionada con la magia negra o brujería a la que se conoce con el nombre de palo mayombe o palo monte. La cantante cubana  afirmó que le había dicho esa afirmación a un periodista off the record, sin embargo, salió publicada en un periódico.

 

“Y a tu babalao que se aguce

Que yo su corriente la sé

Y ahora lo tuyo me luce

Como que no rompe el Iddé

Y a tu babalao que se aguce

Que yo su corriente la sé

Y ahora lo tuyo me luce

Como que no rompe el Idde (y digo)”

 

‘Aguanile’ - ‘El juicio’ de Willie Colón & Héctor Lavoe 1972

El título de la canción es en honor a Oggun, dios de la guerra, de los herreros, de la tecnología, de los cirujanos, del ejército y de los policías. Se suele relacionar con San Pedro ya que éste tiene las llaves de los cielos hechas en metal, el elemento de Oggun.

Aguanile es una palabra elaborada por dos raíces yorubas: ‘aguan’ que significa limpieza, aunque también se relaciona con una cesta que se usa en los ritos para poner alimentos y ofrendas, e ‘ilé’ que quiere decir casa.

Se retiñe mucho la leyenda de que esta canción fue escrita por ellos luego de que fueran juntos a un rito santero para despojar a Lavoe de las malas energías y la negatividad que lo rodeaban en ese momento. Lo cierto es que el tributo del Cantante a la religión yoruba no paró ahí: ‘Para Oshún’, ‘Che Che Cole”, “Rompe Saraguey”, “El Todo Poderoso” o “Mi Gente” y ’Sangrigorda’ fueron otras canciones en el que el culto africano se manifestaba en todo su esplendor.

Otra de las historias que se dicen entre bares y salsómanos sobre la relación de Lavoe y la santería es que durante la preparación para los conciertos africanos de la Fania All Stars, Héctor pasó un largo y duro síndrome de abstinencia acompañado de santeros que ayudaron a limpiarlo.

 

“Oye todo el mundo reza que reza

Pa'que se acabe la guerra

Eso no se va acabar eso sera' una rareza

Aguanile, Aguanile, Mai Mai

Aguanile, Aguanile, Mai Mai

 

Ay tambores umaculli, Tambores umaculla

Que se echen todo pa'laoQue la tierra va ha temblar

Aguanile, Aguanile, Mai Mai

Aguanile, Aguanile, Mai Mai

Que abonbon chele abonbonchacha

Yo tragio pa'rociar a las muchachas

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